Dra. Alicia Zorrilla – “La corrección intuitiva: ¿otro ejemplo de posverdad?”

El trabajo se desarrolla sobre la base de una afirmación: la corrección intuitiva es otra forma de la posverdad. El corrector que trabaja por intuición engaña al autor y al lector, y no es digno de recibir el título que «ostenta». Es un corrector-burbuja, pues es infiel a la deontología de su profesión y a los valores que debe poseer un buen profesional; quiere demostrar que ha corregido y, en realidad, solo ha leído superficialmente el texto sin haberlo penetrado con la pericia y la pulcritud que requiere un trabajo de esta índole. Esto significa que no ha consultado la bibliografía especializada, y que no hay normas que lo guíen para concretar con éxito su tarea. Por ende, no sabe fundamentar ninguna de sus enmiendas. Sin duda, Zygmunt Bauman lo hubiera calificado de «corrector líquido». Suele decir sin firmeza “lo sé, pero no sé cómo explicarlo” porque no se atreve a confesar “solo sé que sé muy poco y carezco de un método para sistematizar esta labor”. Este hecho corrobora que todo su hacer es una falacia y que no merece la consideración de nadie, ya que solo le entrega al autor “otra verdad”, la de su ignorancia.

Una vez, le preguntamos a una supuesta correctora con qué bibliografía desarrollaba su labor. Nos miró con asombro y, con cierta suficiencia, nos contestó que con ninguna, que corregía “por intuición”. Ante esta respuesta inesperada, quedamos asombrados, estupefactos, sorprendidos, pues la intuición, según leemos en los diccionarios, es “la habilidad para conocer, comprender o percibir algo de manera clara e inmediata sin que intervenga la razón”. ¿Pueden corregirse textos sin razonar, como si se tuviera una visión beatífica? Sin duda, la intuición era el vademécum de esta correctora; tenía, pues, un estilo intuitivo: no era capaz de justificar sus enmiendas, pero “creía” que eran correctas, es decir, se movía en el ámbito de la conjetura. Suponemos, pues, que llevaba incorporadas las normas desde su nacimiento y las actualizaba automáticamente según sus designios. ¡Qué gran misterio la corrección intuitiva!

Lo peor de este hecho reside en que la persona de la que hablamos no sentía culpa alguna. José Antonio Marina y Marisa López Penas dicen que “la culpa podría interpretarse como una interiorización de la vergüenza”[1], por lo tanto, tampoco sentía vergüenza. Ese estado de pacífica y cómoda neutralidad la hacía libre para trabajar a su aire, sin la molestia de buscar en los libros lo que no sabía –confesó que, en su biblioteca, no existían las nuevas obras académicas–, porque, realmente, consideraba que su formación “intuitiva” –no la que se ofrece sistemáticamente en la Escuela del Estudio de la Intuición, avalada por la Dirección General de Educación de Gestión Privada– colmaba todas sus apetencias, que su título universitario o una voz interior o un sexto sentido bastaban y avalaban sus endebles pasos laborales. Esta actitud de sobrestimación extrema desemboca en la audacia, el atrevimiento, la arrogante confianza, en síntesis, en la falta de respeto hacia sí mismo, hacia el autor y hacia el lector. Ningún corrector lleva incorporado un manual de buen desempeño de su profesión ni puede hacer milagros. Tampoco la intuición provee de normas. Sin duda, esta persona ni se planteó el “debo estudiar para saber corregir y fundamentar lo que enmiendo” ni se dijo “no sé hacerlo”.

El acto de corregir requiere una persona particular, que se sienta llamada por este trabajo y que no deje de perfeccionarse rigurosamente, hasta podríamos decir con esa pasión que engendra la felicidad en busca del arte. Desde otro punto de vista, no menos importante, también debe saber convivir con la soledad y con el silencio.

Cuando en una editorial –con una sintaxis eufemística–, dicen “acá este corrector no funciona”, estamos seguros de que no es el lugar el que entorpece su tarea ni los temas de las futuras publicaciones, sino su falta de conocimientos o la carencia de una formación continua. ¡Qué lejos están algunos correctores actuales de una cultura semejante a la de los sabios, como la que se le exigía al castigator ‘crítico o censor’ del siglo XVI!

El corrector intuitivo traiciona la ética y la estética, que deben sostener esta profesión. La ética porque comete un fraude; no sabe fundamentar lo que corrige. La estética porque, con su impericia, impide que el texto se convierta en un objeto digno de belleza. Confiesa uno de ellos al referirse a los pronombres demostrativos: “Nunca me aprendí la explicación técnica ni sus términos, pero soy corrector para una agencia de prensa con una idea intuitiva muy clara de cuándo llevan tilde”[2]. ¿Cómo hará ahora que no la llevan? La afirmación conmueve hasta el temblor del alma: ha dicho “… soy corrector…”. Y luego: “… con una idea intuitiva muy clara…”. Sin duda, se enorgullece de su intuición. ¿Llamará “daños colaterales” a las heridas con las que socavará la vida interna del libro? Sin duda, el suyo no será un trabajo bien hecho. Tal vez, hasta agregue errores que no había en el original –”errores bestiales”, dijeron algunos impresores del Renacimiento–, y esto es grave.

En esta clase de corrector no calificado, que alguna vez acierta por casualidad, agoniza la cultura del sacrificio y del esfuerzo. El corrector no debe representar el papel de corrector, sino que debe serlo, con sus nueve letras. No puede enmascarar la verdad con la sumisa devoción a las apariencias. El corrector profesional, el que se ha elegido corrector, que, sin duda, escudriña los textos buscando errores, no desconoce qué debe hacer y sabe dialogar respetuosamente con aquellos para que su trabajo no exceda los límites de la prudencia, lo que los griegos llamaban sindéresis, y con el autor para señalarle los yerros que ha cometido, cuando no entiende lo expresado o cuando quiere comunicarle sus sugerencias. Dice lo siguiente:

La idea general que se tiene es la de que somos
“cazadores de erratas”, pero somos mucho más
que eso. Las erratas las puede identificar cualquier
persona sin una formación específica; incluso los
propios programas de edición de textos son capaces
de solucionar los problemas de este tipo. La identificación
de erratas es solo una parte del trabajo. La corrección de
estilo trata de mejorar la gramática, la sintaxis y el léxico de
un texto, es decir, revisamos lo escrito para que sea sencillo
de leer, para que no haya expresiones erróneas, verbos mal
utilizados, oraciones mal conjugadas… Los correctores debemos
estar al tanto de las novedades de la Real Academia, debemos
estudiar gramática, dudar de todo lo que leemos y consultar en
libros especializados[3].

Este sensato corrector solo se equivoca cuando habla de “corrección de estilo”. Sabemos que, aunque se la conozca con ese nombre, el estilo, que identifica a cada autor, no debe corregirse, ya que el corrector no es coautor ni crítico, por ende, la obra que se le confía tampoco debe reescribirse o sobreescribirse, no debe caer en el precipicio de los excesos. La escritura ajena no se invade con la propia; solo se repara, se perfecciona, se limpia con cuidado, se pule con moderación. Por eso, necesita que ojos profesionales realicen una lectura atenta, sin prisa, sin ansiedad, con equilibrio. En esa lectura, el corrector se entrega a la obra, pero también la obra, desde su silencio, se entrega casi indefensa al corrector. Este la disecciona, la analiza de manera pormenorizada, con disciplina intelectual y espiritual, pues, como decían los griegos, cuando la mente está ocupada, el alma está más viva. Ese adjetivo ocupada es muy valioso. Entonces, la mente del corrector está ocupada cuando, despojado de su entorno, comienza a habitar el texto y a reflexionar sobre este, a penetrar su lectura para comprenderlo. Aquí comienza la batalla entre sus conocimientos lingüísticos y las dudas que lo desequilibran, y, sobre todo, aquí se enciende la certeza de todo lo que debe estudiar aún, de que nunca se llega a la cumbre del saber perfecto, acabado, y, lo esencial, de que, humildemente, tiene que reconocerlo.

No pocos pensadores consideran que leer es traducir. Es cierto, pues, al leer, se traduce el significado del texto y se desentrañan sus símbolos. El escritor turco Orhan Pamuk dice que la lectura nos da la ilusión de ser profundos[4]. Agregamos que genera también una escritura espiritual, íntima, un estar más allá de las palabras para penetrar el revés de la trama, donde, tal vez, se instala el autor para concedernos la feliz libertad de decir con el pensamiento. Como el corrector verdadero tiene a diario la experiencia de la lectura, ve, sin darse cuenta, otro universo lejano y cercano al mismo tiempo, y hasta descubre, paso a paso, una biografía íntima de la palabra en la que coinciden la imaginación de una realidad deseada y la que las páginas le ofrecen en el momento de la corrección. El placer construye la frontera entre ambas acciones: leer y corregir; corregir y volver a leer; leer, leer y leer, y, quizá, corregir nuevamente.

De acuerdo con el Diccionario académico, la intuición es la ‘facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento’; es un ‘presentimiento’. Conocer su significado nos permite afirmar que la corrección intuitiva o in albis, es decir, ‘en blanco’ se opone a toda formación académica, pues no se plantea la existencia de normas que rigen la recta escritura. Es hija del “me suena mejor”; “me parece que es así”; “está bien así”; “si me parece que está mal, corrijo; de lo contrario, lo dejo”; a veces, “es una corazonada”, entonces, se practica mala cirugía textual. Al presunto corrector no lo mortifican las dudas, no le duelen; crea seudonormas y, sobre la base de estas, pergeña su trabajo. No se obsesiona con la idea de lo cuasiperfecto; no atraviesa ningún grado de perplejidad –plexus ‘tejido, entrelazado’– porque nunca se siente enredado por las palabras, nunca se compromete con ellas. En esta clase de corrección, no cabe ni el conocimiento, ni el esfuerzo, ni la responsabilidad, ni el altruismo; no procura el enriquecimiento lingüístico de nadie. En realidad, es una respuesta antiética contra la verdad o, para estar a la altura de los tiempos, “un caso de posverdad”, que se enquista en todos los ámbitos.

El corrector intuitivo nos engaña siempre porque no corrige, sino que adivina, presiente, tantea, juega con el texto y hasta con la inocencia del lector; no es consciente de los errores que comete o de los que deja como impecables aciertos. Lee y tropieza con yerros sin lastimarse porque no los ve. Es ajeno a su ignorancia lingüística; no duda y, si lo hace, deja las vacilaciones para otro momento hasta que las olvida. Como dijimos, desconoce los textos especializados en los que puede estudiar con profundidad lo que no sabe para lograr la detersión de errores, la limpieza de cada página. A veces, deturpa, afea la escritura del autor con sus inconsistencias, como si lapidara la obra. Su objetivo es terminar rápido el trabajo y cobrar el dinero que pide o que le ofrecen porque, en realidad, no cree en la utilidad de su labor y está seguro de que el lector no se dará cuenta de lo que sobra ni de lo que falta, es decir, de lo que él no ha descubierto. Su conducta subestima al lector. La falta de armonía entre las partes de un texto, el abstenerse de analizar la cohesión y la coherencia, el no reparar en un registro adecuado al contexto, el no verificar datos relevantes del contenido y los descuidos ortotipográficos corroboran que lleva incorporado el desconcierto. El corrector intuitivo es un exponente más de esta sociedad individualista, desidiosa, solo aparentemente comunicada, que trata de ignorar reglas y, al mismo tiempo y, tal vez sin advertirlo, devota de la ignorancia y desleal a la ética. Nos engaña porque no corrige, sino pone en práctica el “me gusta” y el “no me gusta”, verbo que la seriedad de un corrector profesional debe desterrar de su ámbito. Es lamentable, pero los ejemplos proliferan a diario, pues es más fácil rendirle culto a la intuición que al estudio e ingresar sin reparos en la logia de los improvisados.

En la Revista La Nación, se le hace una entrevista a la actriz Graciela Borges. El periodista, admirado por su belleza, dice:

El rostro de una de las mujeres más lindas del mundo, según tituló alguna
vez la revista Vogue, ocupa las paredes del living, en trazos de artistas
como Juan Carlos Castagnino, Lino Spilimbergo, El Greco, Renata Schussheim
y Carlos Alonso, entre otros grandes que la han pintado[5].

El corrector –si lo hubo– no advirtió que el Greco, con el artículo en minúscula no con mayúscula, jamás conoció a Graciela Borges, ya que Doménikos Theotokópoulos nació en Candía (Creta) el 1 de octubre de 1541 y falleció en Toledo el 7 de abril de 1614. ¿O, tal vez, se refiere al artista plástico argentino Alberto Greco (1931-1965), iniciador del Informalismo, a quien no se lo llamaba el Greco? Este desliz se denomina falta de cultura, y lo analiza la corrección de concepto. Tampoco reparó en dos normas básicas: los títulos de publicaciones (Vogue) y las palabras que proceden de otras lenguas (living) deben escribirse con letra cursiva.

En la tapa del diario La Nación, se publicita una película, cuyo protagonista es Miguel Ángel Solá: El último sastre. El mismo día, en el suplemento de “Espectáculos” de ese diario, se dice que el gran actor estrenará la película El último traje[6]. A pesar de que las palabras sastre y traje se relacionan temáticamente, parece que no se tratara de la misma película y lo es. El corrector, que no se desvela por verificar lo que lee, no advierte el error, y así se publica. El pretexto es siempre la urgencia con que debe entregar su trabajo.

Otro texto, un titular en el suplemento “Cultura”, de La Nación: “Los ‘abrazos’ en contra del odio de Alejandro Marmo, el escultor del Papa”[7]. El corrector intuitivo no “presintió” que, en este texto, el orden de las palabras conducía a una ambigüedad, pues no se habla del odio de Alejandro Marmo, sino de “los abrazos, de Alejandro Marmo, el escultor del Papa, en contra del odio”, motivo de su serie de esculturas. Una coma después del sustantivo “odio” también hubiera permitido entender bien el texto.

La palabra posverdad, tan difundida hoy pero también tan antigua como San Millán de la Cogolla[8], significa distorsión de lo verdadero al dar otra versión de los hechos reales. Posverdad es sinónimo de seudoverdad, de falsedad, de manipulación y de mentira. En los medios, sobre todo en los políticos, se construye deliberadamente para matar la verdad e influir mal en los que se apegan a las noticias que aquellos difunden. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman diría que la “modernidad sólida” se ha convertido en “modernidad líquida”. Nosotros agregamos que todo resbala como las aguas, pero no claras sino turbias para que tenga la apariencia de profundidad. En el ámbito de la corrección de textos, la posverdad reside en la relación entre la realidad que presenta el texto y el trabajo del seudocorrector. Un texto mal corregido representa un caso de posverdad, eufemismo para darle nuevo traje a la falacia. Lo erróneo es la antítesis de lo verdadero, que es lo correcto. Si el corrector intuitivo, al que llamamos corrector-burbuja, afirma que el texto que se le ha encomendado está corregido y no está bien corregido, dice una posverdad. Lo peor es que muchos lectores lo creen, y así se va esfumando la frontera entre lo verdadero y lo falso, entre la labor del corrector ortodoxo, formado, y la del corrector intuitivo, “líquido”.

Es cierto que algunos autores le temen al corrector y, no siempre con mansedumbre, le piden que no reparen demasiado en sus equivocaciones. No pocos confiesan con desazón que, alguna vez, han tenido que dejar pasar errores de gran porte porque el cliente se sentía juzgado, se obstinaba en que debían quedar por el bien del texto, y era imposible convencerlo. Este es el punto de vista de algunos autores, no el del corrector, quien tiene la obligación de salvar el texto del naufragio.

El corrector sistemáticamente formado para llevar a cabo este arte tendrá en cuenta la aplicación de las normas gráficas (puntuación, ortografía, uso de mayúsculas y de minúsculas, erratas), morfosintácticas (el orden de las palabras en la oración, la concordancia, la correlación de los tiempos verbales, el uso del gerundio, el uso de las preposiciones) y léxico-semánticas (neologismos; extranjerismos; vulgarismos; repeticiones inútiles o tautologías léxicas; pleonasmos; superfetaciones o multiplicación de elementos innecesarios, que no enriquecen el contenido del texto; ambigüedades o anfibologías; contradicciones; topónimos incorrectos).

El corrector intuitivo carece de un método de trabajo; no siempre tiene en cuenta lo recién señalado y tampoco ve en el texto algunos de los siguientes errores:

  1. El significado del mensaje (La campaña publicitaria tiene por objeto promocionar la reducción de las arrugas y el agrietamiento facial. Dicho así, la campaña promociona el agrietamiento facial. Debe repetirse la preposición de: La campaña publicitaria tiene por objeto promocionar la reducción de las arrugas y del agrietamiento facial.
  2. El punto que precede al paréntesis de cierre no se usa en español (El filósofo había llegado a una gran conclusión.) 
  1. La omisión de la coma para señalar el modificador oracional cuando se altera el orden de las palabras en la oración (En todas las provincias argentinas la vida transcurre serenamente).
  1. La coma antes de la conjunción causal porque cuando se trata de una causa pura o real (Nunca entrábamos a esa sala, porque solo se usaba en ocasiones especiales).
  1. La coma ante el pronombre relativo cuando, encabezador de una oración subordinada adverbial temporal (El deseo de mi madre era que estudiara Arquitectura, cuando terminara el secundario).
  1. La coma que interrumpe la perífrasis verbal (Se quedó afuera, esperando que llegara el taxi) y la que aparece entre oraciones subordinadas adjetivas, cuyo encabezador responde al mismo sujeto (Es un niño que no sabe jugar, y que mira la vida desde una ventana con rejas).
  1. La coma que falta ante un verbo que declara palabras textuales y las comillas para indicar que lo son (¿Por qué me mirará así? pensó Teresa).
  1. Las comas que deben llevar los conectores incrustados (Se hace la inocente, pero en realidad nos manipula a todos).
  1. La ruptura, mediante una coma, del régimen preposicional que corresponde a dos sintagmas (Desconfiaba de las palabras de Abel, y de su buena voluntad para ayudarnos; Debido a este, y a otros enfrentamientos personales con integrantes del Partido Federal, decidió abrazar la causa unitaria[9]).
  1. La ruptura del predicado verbal compuesto mediante una coma (Nos sentíamos felices en Salta, y nos prometimos regresar el invierno siguiente).
  1. La ausencia de la coma obligatoria que se coloca después del tópico (Su madre ¿no era Lucía Hilton?).
  1. La ausencia de comas para indicar el modificador oracional incrustado (Carlos no sabía que durante el año Ernesto hacía dos viajes a Europa; El verano se había fortalecido con la humedad que habían dejado las lluvias y en las calles no caminaban ni los perros; Escuchamos al profesor, pero apenas terminó de hablar el nuevo alumno se opuso a algunas de sus reflexiones). 
  1. El uso de los dos puntos en lugar de coma después de un vocativo (Usted, Terrero: salga inmediatamente de aquí).
  1. La coma que se coloca entre el verbo y el predicativo objetivo, cuyo núcleo es un gerundio (Te imaginaba, caminando feliz por las calles de Viena).
  1. Las preposiciones que faltan (Estaba segura que todo lo que había hecho podía servir para algo; Y si entré en la página de chat, no habré permanecido más que lo que dura un suspiro).
  1. Las preposiciones que no se correlacionan (Antigua Roma (en latín, Antiqua Rōma) designa la entidad política unitaria surgida de la expansión de la ciudad de Roma, que en su época de apogeo llegó a abarcar desde Gran Bretaña al desierto del Sahara y desde la península ibérica al Éufrates[10]).
  1. Los gerundios adjetivados (Ya dentro del área y con la pelota cayendo, Maradona fue en su búsqueda a la par del guardameta Peter Shilton, 20 centímetros más alto que él[11]; Las reuniones en casa ya no eran las mismas con gente hablando de sus pequeñeces).
  1. Los gerundios de posterioridad (Tras el toque cayó al pavimento saliendo despedido hacia el boulevard, donde dio su cabeza contra el cordón muriendo en el acto[12]; No llevaba casco. Este fue uno de los motivos principales para que los buscadores de tesoros iniciaran su búsqueda y, con la ayuda del propietario del predio, produjeron la primera visita hace tres meses, logrando lo inimaginable[13]; Ambas disciplinas se dan la mano en sus historias, reflejando unos lazos de unión difíciles de romper y llegando a nuestros días rodeadas de incógnitas[14]; Desde 2012 mantuvo una relación amorosa con la actriz Romina Gallardo, contrayendo finalmente matrimonio en 2015).
  1. La doble coordinación, copulativa y disyuntiva (Permite a toda empresa mayorista y/o importadora administrar su gestión comercial en forma ágil y poderosa, no importe la cantidad de artículos y/o clientes).
  1. Los prefijos separados de las bases léxicas (Se encontró con su ex socio en la puerta de los Tribunales; Permite controlar todas las operaciones de una empresa distribuidora, desde la toma de pedidos en forma remota con celulares, como todo el proceso de reparto cuando se trabaja con pre-venta). En este último ejemplo, el corrector olvida la correlación desde/hasta y acepta desde/como.
  1. El prefijo super- ante número, convertido en un adjetivo con la tilde (En otro tiempo, hacíamos películas súper-8).
  1. El uso anglicado de la raya con valor de dos puntos (No se lo pregunté, pero me dijo su nombre –Matilde).
  1. El uso arcaico –se usó en el español clásico– y, al mismo tiempo, anglicado de la preposición por para indicar ‘duración’ en lugar de durante (Prevén fuerte demanda de derivados de celulosa y papel por varios años[15]).
  1. El uso anglicado de la locución prepositiva en relación a (Los conocimientos que se le exigen, las habilidades adquiridas, van en relación al nivel de corrección que se pida[16]).
  1. El uso anglicado del posesivo pleonástico con partes del cuerpo (El futbolista argentino, Lionel Messi, acaricia la pelota con su pie izquierdo, firma los contratos con su mano derecha y domina su campo visual con el ojo izquierdo[17]).
  1. El abuso del empleo anglicado del adjetivo antepuesto (grandes mejoras en lugar de mejoras notables; grandes diferencias en lugar de diferencias significativas).
  1. El uso anglicado de la pasiva analítica o propia con el verbo ser (El innovador puente estaba siendo sometido a una “prueba de estrés” y sus cables estaban siendo ajustados cuando cayó[18]).
  1. La influencia del inglés en el uso de la pasiva con se con complemento agente (Se vendió una casa de estilo inglés por una importante inmobiliaria de Pilar).
  1. La influencia del inglés en la profusión de adverbios terminados en -mente.
  1. El uso galicado de que (Así fue que se lograron apenas unas cuantas imágenes, apenas tomadas de apuro, sin que hubiera chances reales de llegar a analizar el caso más en profundidad…[19]; Salimos del café consternados, pero fue entonces que comprendimos su decisión).
  1. El uso de extranjerismos sin letra cursiva y ya españolizados (Encontró en el cajón del abuelo un viejo cassette roto).
  1. La preposición que falta cuando se coordinan dos infinitivos que responden al mismo régimen (Aprendió a actuar de otro modo y desterrar de su vida la violencia).
  1. Las preposiciones erróneas en reemplazo de las correctas (En sentido peyorativo, Giorgio Vasari usó el término “gótico” para denominar la arquitectura anterior al Renacimiento, propia de los bárbaros o godos, cuyos componentes le parecían confusos, desordenados y poco dignos, por contraste a la perfección y racionalidad del arte clásico[20]; Sistema de gestión pensado para toda empresa cuyo trabajo se caracteriza en brindar servicios mediante sus recursos humanos).
  2. La ausencia de tildes (Se puso el cardigan y salió con prisa).
  1. La presencia errónea de tildes (Quien desconozca las reglas de acentuación y escriba “exámen” comete un error; quien conociéndolas escriba lo mismo comete una falta[21]).
  1. La ausencia de mayúsculas en el nombre de calles que contienen un mes que rememora un acontecimiento histórico (Desde hacía años, trabajaba en una oficina de la calle 25 de mayo).
  1. El uso erróneo de la raya y de otra puntuación en los diálogos (—Mirá quién está allí —Me puse enseguida los anteojos para ver mejor a Rafael— Parece que regresó quemadito de las vacaciones, ¿eh?; —Sí, acompañá a Luisa —dijo. —Ella te necesita).
  1. La distinción entre deber para denotar ‘obligación’ y deber de, ‘suposición’ (La biblioteca de Renata no *debía ser pequeña porque traía a clase libros muy importantes).
  1. El complemento directo pleonástico, que, si bien no es incorrecto, debe evitarse en la prosa formal (Esos documentos se los entregó el abogado Reyes; Algunos datos los consiguieron en la Biblioteca Nacional). Se admite cuando, en obras literarias, se reproduce la oralidad.
  1. El pleonasmo (Algunos pocos, en cambio, afirman que allí pasaron muchas cosas extrañas, hechos paranormales que datan de los tiempos mismos en que la estructura se edificó, hace varias décadas atrás[22]; Le notificaremos nuestra respuesta a la mayor brevedad posible).
  1. El número romano en mayúscula cuando acompaña a palabras como siglo, escritas con minúscula (Leyó algunas novelas españolas del *siglo XIX).
  1. El sintagma “la década del sesenta” (por la década de los sesenta); no pocas veces, el corrector intuitivo no enmienda sus variantes erróneas *la década del 60, *la década de los sesentas, *la década de 1960, *la década del ’60, *la década de los 60s.
  1. El uso del presente de subjuntivo en lugar del pretérito imperfecto de subjuntivo (… la potente patada en su pierna derecha, […] provocó que no se levantara del campo y sea auxiliado rápidamente por el árbitro y el resto de jugadores[23]).
  1. El uso regular de un verbo irregular (“… nutrias […] nadan con su cabeza morena y puntiaguda erguida fuera del agua, un capibara […] se revolca en el cieno…”[24]).
  1. El uso de *como ser en lugar de como (Es un sistema que permite dar una solución integral a todas las empresas del ámbito textil como ser fábricas de ropa, tejedurías, hilanderías, y cadenas de locales de venta).
  1. El significado erróneo de una palabra (Llegada la noche sucumbía la calma en el Congreso[25]).
  1. La cacofonía (¿Qué quería el director?; Les digo que quedan muchas tareas para hacer; Nos dijo que quería lucirse, que quería quedar como una persona capaz).
  1. El régimen preposicional de los verbos (Una tarde de febrero, irrumpió[26] la reunión familiar y no saludó a nadie; … un personaje tendrá la forma de hablar que quiera el autor, independientemente a su voz[27]).
  1. El número voladito fuera del punto que cierra la oración (Lo bautizaron “Faustino” por el santo del día de su nacimiento.4​).
  1. La concordancia en la construcción de pasiva con se (La Conquista del Desierto fue la campaña militar realizada por la República Argentina entre 1878 y 1885, por la que se conquistó grandes extensiones de territorio que se encontraban en poder de pueblos originarios mapuche, ranquel y tehuelche[28]; … por tercer año consecutivo se ven caer copos de nieve en esa zona del desierto del Sahara[29]; Cada año se convocan a alumnos para que elaboren trabajos de investigación y luego hagan una presentación oral de los mismos).
  1. La omisión del determinante (Las lesiones consistieron en un hematoma en brazo derecho que curó en primera asistencia[30]).
  1. Descuido de la puntuación del texto tras las palabras en cursiva o en negrita, pues solo debe aparecer en redonda y blanca, no en cursiva ni en negrita; si la palabra está escrita con letra cursiva y entre paréntesis, estos deben escribirse en redonda (marketing); si entre paréntesis hay una enumeración de ejemplos en cursiva, las comas que los separan deben aparecer en redonda (sol, mar, carpas, sombrillas, sombreros de distintos tamaños); si una palabra en negrita está encerrada entre paréntesis, estos deben estar en redonda y blanca (sordociego); si, en la oración, hay una palabra en negrita, la coma que la sigue debe escribirse en redonda y blanca (El dulce de rosa mosqueta, propio de Bariloche…); si la palabra en negrita lleva un número voladito, este debe colocarse en redonda y blanca (narinas1 y coanas2); si la puntuación forma parte de una cita textual escrita con letra cursiva, también se mantiene la cursiva en los signos de puntuación.
  1. Generalmente, falta la cursiva en las abreviaturas de palabras que proceden de otras lenguas: R. S . V. P.; et al. 
  1. El uso del adjetivo numeral cardinal escrito con cifras y con palabras (Con más de 900 mil vehículos patentados, la venta de vehículos 0 km de 2017 quedó como el segundo mejor año de la historia) por “… significó el mejor segundo año de la historia”.
  1. La falta de concordancia entre determinantes y sustantivos (¿Cómo se llega hasta el corazón de estas millones de personas?).

Los conocimientos que necesita un corrector para realizar con pericia su tarea nunca acaban. Debe estudiar siempre, incansablemente, como un abogado para aprender muy bien las normas y poder aplicarlas, y como un médico para curar los textos heridos, maltrechos o casi agónicos.

El que se rinde y advierte que la intuición no conduce a nada comprende que la guía de las normas lingüísticas respalda cada una de sus enmiendas y le permite fundamentar el porqué de estas:

Necesito encarecidamente hacerme de bibliografía sobre reglas ortográficas
porque siento que mis correcciones y escritura son más bien intuitivas,
sin el suficiente sustento académico.

Sin duda, esta persona necesita más bibliografía de la que indica para poseer ese sustento del que habla, pero, por lo menos, ha tomado conciencia de sus carencias; se ha dado cuenta de que corregir no significa remendar un texto o hacerle cirugía plástica para empeorarlo, sino tratarlo con esmero, con extremado cuidado, con responsable precisión. En fin, debe saber escuchar la voz de cada página con la que el autor ha pretendido enriquecer al lector y enriquecerse durante el acto de la escritura. Llegar a ser un buen corrector no es una virtud, sino una inevitable obligación. No implica querer alcanzar prestigio en el ambiente profesional, pues, a pesar de que, en el Diccionario académico, prestigio signifique ‘pública estima de alguien, fruto de su mérito’, etimológicamente, deriva del latín praestigium ‘engaño, impostura’. Esta voz, pues, no debe tentarlo hasta ignorar la humildad que requieren sus estudios y su tarea.

Como dijimos al principio, el corrector intuitivo, que sobrevuela las palabras, es un impostor que no le da nueva vida a los textos, sino que esconde sus escombros tras la máscara de una belleza falsa y, al hacerlo, censura veladamente la imprescindible formación sistemática. No cabe duda, pues, de que su misma desventurada obra, elogio de la posverdad, lo juzgará y no lo absolverá.

 

Referencias bibliográficas

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Notas

[1] “Historias de la culpa”, Diccionario de los sentimientos, 4.ª edición, Barcelona, Anagrama, 2000, 368.

[2] “Usuario discusión: Deleatur” [en línea]. <https://es.wikipedia.org/wiki/Usuario_discusi%C3%B3n:Deleatur> [Consulta: 27 de enero de 2018].

[3] “Soy correctora de estilo, pero ¿cuál es mi labor?” [en línea]. <https://racorrecciones.com/2017/02/13/soy-correctora-de-estilo-pero-cual-es-mi-labor/> [Consulta: 28 de enero de 2018].

[4] Otros colores. Traducción de Rafael Carpintero Ortega, Barcelona, Mondadori, 2009, p. 134.

[5] Martín WAIN, “Graciela Borges. ‘Sólo juego a que soy una diva’”, del 19 al 25 de noviembre de 2017, p. 40.

[6] La Nación, Buenos Aires, sábado 20 de enero de 2018, pp. 1, 4 y 5.

[7] Buenos Aires, 24 de diciembre de 2017, p. 22.

[8] “… el propio San Millán del siglo V fue víctima de las noticias falseadas. Sus enemigos le acusaron de malversación de los dineros de la parroquia de Santa Eulalia de Berceo, y el obispo le expulsó del cargo. Así se relata en las redes sociales de la época, que son las pinturas del friso del monasterio” (Esteban ILLADES, “La manipulación y la desinformación existen desde hace siglos. Napoleón hizo ‘branded content’ en Egipto” [en línea]. <https://www.elmundo.es/papel/historias/2018/06/09/5b1a646a268e3e74068b45ec.html> [Consulta: 17 de octubre de 2018].

[9] “Domingo Faustino Sarmiento” [en línea]. <https://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Faustino_Sarmiento> [Consulta: 29 de enero de 2018].

[10] “Antigua Roma” [en línea]. <https://es.wikipedia.org/wiki/Antigua_Roma> [Consulta: 12 de febrero de 2018].

[11] “La mano de Dios”, Wikipedia [en línea]. <https://es.wikipedia.org/wiki/La_mano_de_Dios> [Consulta: 17 de febrero de 2018].

[12] “Choque fatal entre dos motos en Río Grande arrojó un muerto”, Red 23 Noticias [en línea]. <http://red23noticias.com/choque-fatal-entre-dos-motos-en-rio-grande-arrojo-un-muerto/> [Consulta: 14 de septiembre de 2018].

[13] “Contactos entre humanos y extraterrestres”, Crónica, Buenos Aires, 28 de enero de 2018 [en línea]. <https://www.cronica.com.ar/suplementos/Contactos-entre-humanos-y-extraterrestres-20180128-0046.html> [Consulta: 29 de enero de 2018].

[14] María Isabel JIMÉNEZ GONZÁLEZ, Fantasía y realidad en la literatura de ciencia ficción de Edgar Allan Poe (tesis doctoral). <https://ruidera.uclm.es/xmlui/bitstream/handle/10578/3392/TESIS%20Jim%C3%A9nez%20Gonz%C3%A1lez.pdf?sequence=1> [Consulta: 6 de febrero de 2018].

[15] Argentina Forestal.com [en línea]. <http://www.argentinaforestal.com/2018/08/02/preven-fuerte-demanda-de-derivados-de-celulosa-y-papel-por-varios-anos/> [Consulta: 14 de septiembre de 2018].

[16] Juan A. MARTÍNEZ DE LA FE, “Del arte y oficio de corregir”, Parabiblos. Cuadernos de Biblioteconomía y Documentación, pp. 117-122.

[17] “Lionel Messi tiene trastorno de lateralidad cruzada: patea con la zurda y escribe con la derecha” [en línea]. <http://everardoherrera.com/index.php/futbol-internacional/37099-messi-tiene-trastorno-de-lateralidad-cruzada-patea-con-la-zurda-y-escribe-con-la-derecha> [Consulta: 16 de febrero de 2018].

[18] Clarín [en línea]. <https://www.clarin.com/…/miami-construyo-colapso-puente-florida_0_HJLvM8YYM> [Consulta: 27 de marzo de 2018].

[19] Daniel BEYLIS, “El misterio del ex Hogar de Ancianos de Laguna de los Padres”, Crónica, Buenos Aires, 28 de enero de 2017 [en línea]. <https://www.cronica.com.ar/suplementos/El-misterio-del-ex-Hogar-de-Ancianos-de-Laguna-de-los-Padres-20180128-0053.html> [Consulta: 29 de enero de 2018].

[20] “Arte gótico”, ArquitectOnline.com [en línea]. <http://www.arquitectonline.com/arquitectura_gotica.htm> [Consulta: 14 de septiembre de 2018].

[21] Daniel CASSANY, “Introducción. Marco teórico para la corrección”, Reparar la escritura [en línea]. <https://media.utp.edu.co/referencias-bibliograficas/uploads/referencias/libro/289-reparar-la-escritura-did-ctica-de-la-correccin-de-lo-escritopdf-KGW3t-libro.pdf> [Consulta: 29 de enero de 2018].

[22] Daniel BEYLIS, Artículo citado.

[23] <http://larepublica.pe/deportes/1173410-youtube-salomon-rondon-rompe-en-llanto-tras-lesionar-brutalmente-a-un-rival-video> [Consulta: 17 de febrero de 2018].

[24] Philippe DESCOLA, La selva oculta. Simbolismo y praxis en la ecología de los achuar. Traducción de Juan Carrera Colin y Xavier Catta Quelen; revisado por Frederic Illouz, 3.ª edición, Ecuador, Ediciones ABYA-YALA, 1996, p. 82 (Colección Pueblos del Ecuador 3).

[25] Fotos del Congreso, La Nación [en línea]. <http://www.lanacion.com.ar/fotos-de-congreso-nacional-f28&gt; [Consulta: 15 de diciembre de 2017].

[26] Denota ‘entrar violentamente en un lugar’. Es verbo intransitivo y rige la preposición en.

[27] “Un breve relato de terror: el corrector” [en línea]. <https://letrasdesdemocade.wordpress.com/2016/10/03/un-breve-relato-de-terror-el-corrector/&gt; [Consulta: 29 de enero de 2018].

[28] “Conquista del Desierto” [en línea]. <https://es.wikipedia.org/wiki/Conquista_del_Desierto> [Consulta: 11 de febrero de 2018].

[29] “Por estas razones cayó nieve en el desierto del Sahara”, El País, Montevideo, 9 de enero de 2018 [en línea]. <https://www.elpais.com.uy/vida-actual/razones-cayo-nieve-desierto-sahara.html> [Consulta: 11 de febrero de 2018].

[30] <https://books.google.com.ar/books?id=FcPzCAAAQBAJ&pg=PT170&lpg=PT170&dq=%22hematoma+en+brazo+derecho%22&source=bl&ots=_6Ivwcs-Vk&sig=4bvXqzMWRGruIjwU81ZA6lJMEuM&hl=es-419&sa=X&ved=0ahUKEwjfuMWyg6zZAhWCkZAKHdyXADQQ6AEIHTAE> [Consulta: 17 de febrero de 2018].